martes, 29 de septiembre de 2009

El Calafate.

Es realmente curioso cómo en este país, debido a su escasa historia, se repiten habitualmente los nombres de calles, o los de montañas con ríos o pueblos. Un ejemplo claro es Perito Moreno. Ya hemos pasado por el pueblo. La montaña con ese nombre quedó mucho más atrás y curiosamente no está en el Parque Nacional Perito Moreno ni coincide con el glaciar. Obvio decir que cada localidad por las que hemos pasado tiene una calle a él dedicada.

Todo esto significa que cada vez nos vamos acercando más al glaciar más famoso del mundo. Aún así no vamos a visitarlo de momento. Hoy tocó salir hacia El Calafate, capital de los glaciares en Argentina, y afortunadamente son sólo 200 kilómetros de asfalto. Curioso nombre que viene de un arbusto espinoso muy fácil de encontrar en el sur de Argentina.Foto 1: Imagen camino a El Calafate.

El camino se hace sin problemas y podemos disfrutar de bellos parajes al acercarnos al lago más grande de este país que es el lago Argentino y disfrutar de una imagen de agua color turquesa difícilmente comparable.
Foto 2: Imagen del lago Argentino desde la carretera.

Al llegar a El Calafate lo más importante es organizar los 3 próximos días. Parece que va a ser fácil así que habrá que almorzar cuanto antes para aprovechar bien la tarde.
Foto 3: Matambre.

Y todos pensábamos que la mejor forma de pasar la tarde, ya que las excursiones importantes necesitan mucho más tiempo, es alquilar una bicicleta y recorrer los alrededores de El Calafate.
Foto 4: Flamencos en la bahía de El Calafate.

Em pezamos con ganas y nos dirigimos a rodear toda la bahía de El Calafate, que forma unas marismas unidas al Lego Argentino llenas de vida multicolor. El recorrido acaba cerca de la isla Solitaria, pero nosotros intentamos llegar más allá.
Foto 5: Imagen de El Calafate desde isla solitaria.

Todo tiene consecuencias, y a la vuelta el cansancio hace mella, así que nos dirigimos a ver la laguna Nimes rápidamente y vuelta a devolver los velocípedos.
Foto 6: Atardecer en laguna Nimes.

Al final las cuevas de Gualicho nos sirven de escusa para tener una vista mucho más amplia del atardecer sobre los glaciares que descargan en el lago Argentino.

Se despide.
Sagü.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Parque nacional de los Glaciares.

Creo que después de una semana de ruta en este país nos estamos contagiando de ese espíritu bohemio y tranquilo que nos rodea por donde quiera que vamos. Hoy ya toca ruta más corta, pero hay que madrugar igualmente para aprovechar bien el día.

Foto 1: Puente en Gobernador Gregores.

Nos encaminamos a recorrer los últimos kilómetros de ripio entre las poblaciones de Gobernador Gregores y Tres Lagos. 140 kilómetros de hastío en los que únicamente ofrece un paisaje distinto el Lago Cardiel reflejando el azul del cielo en sus transparentes aguas.
Foto 2: Imagen del Lago Cardiel.

Empieza el asfalto y parece que llegaremos a nuestro destino para comer. Por el camino hacia El Chaltén entramos ya en el Parque Nacional de los Glaciares. El glaciar Viedma descarga sobre un inmenso Lago de homónimo nombre.

Foto 3: Vista del Lago y glaciar Viedma. El paisaje por el camino es impresionante y la claridad del día nos deja apreciar la inusual belleza de los picos de origen volcánico que forman los alrededores de El Chaltén. El más alto es el cerro Fitz Roy, rodeado de puntiagudas montañas a su alrededor.
Foto 4: Macizo Fitz Roy.

Al llegar a El Chaltén hay que informarse y comer rápidamente. Parece ser que es uno de los pocos días en que se puede ver el cerro Torre en todo su esplendor, así que nos encaminamos hacia el mirador del Lago Torre en el que desemboca el glaciar del mismo nombre. Trayecto de 6 horas que obviamente no recorremos, pero nos quedamos cerca.
Foto 5: Vista del Glaciar Torre bajo el cerro del mismo nombre.

Finalmente y después de algún desvanecimiento muscular aún tenemos tiempo para acercarnos hasta la cascada del Chorrillo del Salto. Suficiente para relajarnos un rato y apreciar el atardecer a nuestras espaldas en la vuelta hacia el pueblo.
Foto 6: Atardecer alumbrando una de las montañas.

Parece ser que mañana también madrugaremos. Habrá que celebrarlo.

Se despide.
Sagü.


(Tenés chiquita suerte que pueda seguir escribiendo boludo. Acá no llega ni la línea del celular... seguirán faltando fotos.)

domingo, 27 de septiembre de 2009

Hacia el sur.

Amanece en Sarmiento. El día está claro y soleado. Hoy nos toca una dura jornada de ruta. Para empezar tenemos que desandar parte del camino para volver a la ruta 40.
Foto 1: Santuario en un cruce de caminos.

De aquí a Río Mayo sólo nos quedan 60 kilómetros por asfalto. El pueblo se extiende a lo largo del río y en el nos sorprende el recinto en el que se celebran las ferias de la esquila, ya que éste es el pueblo donde se realiza dicha fiesta en Argentina.
Foto 2: Puente en Río Mayo que recuerda a otro sobre el Órbigo.

Continuamos rápidamente a través deñ ripio por la ruta 40. Nos quedan más de 100 kilómetros para llegar a Perito Moreno a repostar Nafta ya que a partir de aquí los lugares de repostaje son pocos y contados.

En Perito Moreno paramos en una estación de servicio en la que el dueño guarda un Dodge del 57 impecable que se trajo su abuelo desde Estados Unidos. Café y a seguir.
Foto 3: Iglesia en Perito Moreno.

Ahora nos esperan bastantes más kilómetros por una ruta en la que al principio nos engañan tramos de asfalto, pero luego se convierten en caminos bastante angostos.

Tras una interminable espera llegamos a la cueva de las Manos en el cañadón del río Pinturas. El sitio es muy peculiar, las pinturas rupestres se conservan en perfecto estado y además los cóndores nos acompañan con su vuelo.
Foto 4: Cañadón del río Pinturas.

De aquí a Gobernador Gregores nos esperan más de 200 kilómetrros de insólito desierto. Por lo menos en el camino nos acompañan armadillos, guanacos, avutardas, liebres y ñandúes.
Foto 5: Grupo de Guanacos.

Nuestro safari termina ya de noche en un oasis dentro del desierto.

Se despide.
Sagü.





sábado, 26 de septiembre de 2009

Y llegó el desierto.

Cada día nos levantamos más pronto. No sé si será el ansia de conocer más sitios, o nos estaremos dando cuenta de que cada día estamos un poquito más apurados de tiempo. Salimos de Esquel con las primeras luces empezando a a perdernos en estas poblaciones de estructura fielmente cuadriculada.
Foto 1: Columpio múltiple en Esquel.

El camino se va transformando por momentos y de los grandes bosques pasamos a puñados de árboles esparcidos irregularmente por la estepa patagónica. De los paisajes verdes pasamos a paisajes más ajados y baldíos. Los árboles se van transformando lentamente en arbustos y nos vamos dando cuenta que el paisaje desértico nos va comiendo terreno.
Foto 2: Cartel en Tecka.

Tras más de 100 kilómetros llegamos a la población de Tecka. Seguro se la imaginarán pues podría ser un poblado en el que el doctor Fleishman aría de casa en casa atendiendo a sus pacientes.
Foto 3: Imagen de la ruta.

La ruta ya es completamente monócroma y anodina. Son unos kilómetros los que nos separan de alcanzar Gobernador Costa para parar y tomarnos un café para reponer fuerzas. Suerte que tenemos el tanque lleno pues no hay luz y hasta las 6 de la tarde no podríamos rellenarlo de nafta.Foto 4: Imagen en Gobernador Costa.

La carretera serpentea arriba y abajo. Pocas curvas, pocos viajeros alrededor. Algún ñandú se acerca a saludarnos antes de recorrer unos 150 kilómetros hasta el siguiente poblado, pero Facundo está alejado de la carretera y decidimos continuar sin descanso hasta Sarmiento.

A la entrada del pueblo el lago Munster nos sorprende con su inmensidad, pero nosotros tenemos claro a que venimos. El bosque petrificado de Sarmiento es un paraje insólito. Quebradas multicolor erosionadas por un viento que arrecia sin cesar han ido descubriendo entre el subsuelo los restos petrificados de árboles centenarios que estaban esperando para ser replantados. Simplemente fascinante.
Foto 5: Bosque petrificado de Sarmiento.

Volvemos al pueblo prontito esta vez y no haremos más camino. Eso sí, nos proveemos bien para el largo día de mañana.

Se despide.
Sagü.

En ruta.

Diana a las 7:30. Recoger todo y rumbo al sur. Tras recorrer los primeros kilómetros de la ruta 40 entramos en la provincia de Chubut, bordeando grandes lagos como el Hess o el Guillelmo donde el paisaje se va abriendo a grandes y frondosos valles.
Foto 1: Paisaje con el lago Hess.

En uno de ellos aparece el poblado de el Bolsón. Pequeño pueblo de comercios y artesanosal lado del cuál se encuentra el parque nacional Lago Puelo, del que destaca el lago de un color azul eléctrico flanqueado por empinadas montañas repletas de nieve.
Foto 2: Parque Nacional Lago Puelo.

Tomamos aire y continuamos nuestro camino pasando por el Hoyo , antes de coger el desvío hacia Cholila. Una carretera de ripio nos lleva a este poblado en el que se celebra el festival nacional del asado. En una parrilla dedicada al ladrón Butch Cassidy, que estuvo viviendo escondido en la zona durante una temporada nos comemos la costeleta más sabrosa de nuestras vidas acompañados por el señor José que nos cuenta anécdotas y peculiaridades de la zona. 4 euros bien invertidos.
Foto 3: Costeleta.

Emprendemos de nuevo nuestro camino rumbo al parque nacional de los alerces.

Foto 4: Cartel indicativo.

Se empieza a aclarar el día justo al pasar el lago Rivadabia. Puro espejismo. El día se empieza a nublar instantes después para contemplar las impresionantes vistas desde el mirador sobre el lago verde. Nevada incluída.
Foto 5: Vista del lago Verde desde el mirador.

La noche acecha y nos encaminamos hacia Trevelín, un pequeño pueblo de estilo galés lleno de casas de té en el que destaca la tumba de un héroe-caballo y un molino situado a 20 kilómetros del pueblo.
Foto 6: Entrada a la tumba del caballo Malacara en Trevelín.

Salimos inmediatamente hacia Esquel a buscar alojamiento. Es el primer día que nos encontramos españoles en la Argentina profunda. Discusión nocturna incluída.

Se despide.
Sagü.


(fotos pronto)

jueves, 24 de septiembre de 2009

Circuito grande.

Amanece en Bariloche. Desayuno completo, esta vez sin dulce de leche, y en ruta. Camino Villa la Angostura bordeando todo el lago Nahuel Huapi, comienzo del circuito grande. El sol augura que pronto bajarán las temperaturas con ese halo a su alrededor.
Foto 1: Sol patagónico
Empezamos por la ruta de los siete lagos. Camino de ripio. No hay tiempo para todo. Pero podemos disfrutar del paisaje de Coihués o Alerces a lo largo del primer tramo.
Foto 2: Puente sobre el arroyo que lleva al lago correntoso.
El día merece la pena y rodeamos por una sinuosa carretera los lagos Espejo grande y chico, Correntoso y nos quedamos a un paso del lago escondido. No hay tiempo para más que el barco zarpa hacia peninsula Quetrihué.
Foto 3: Lago Espejo.
Al final llegamos al primer catamarán. 45 minutos de viaje atravesando parte del lago Nahuel Huapi para llegar al principio del parque natural de los Arrayanes. Su nombre se debe a estos árboles de color canela que no crecen en ninguna otra parte del mundo. Hay que avivar el paso dentro porque en el siguiente catamarán llega un pueblo de gente.
Foto 4: Bosque de arrayanes.
Tras el trayecto de regreso comida o más bien merienda en Sunset Lake Lounge de Bahía Brava. Sorrentinos con salsa de queso y ciervo con salsa de cebolla de verdeo, es decir, ajo puerro.

Café o lágrima y a ponerse en camino hacia Villa Traful. De nuevo ripio, aunque ya nos vamos acostumbrando. El camino más sinuoso si cabe, pero al ver la entrada al lago Traful todo ha merecido la pena. El pueblo parece enclavado en mitad de ninguna parte, aquel sitio donde desconectas del mundo exterior por obligación.
Foto 5: Puerto en Villa Traful.

Se hace de noche y tras pasar por el mirador más y más liebres, zorros, vacas y caballos jalonan el camino de vuelta. Dicen por la radio que mañana hará un frío de "san puta". Estaremos preparados.

Se despide.
Sagü.



miércoles, 23 de septiembre de 2009

Bariloche

Tras las lecciones sobre cultura porteña y las empanadas criollas, pude al fin quedar con Salva aunque fuera por un rato. No es fácil luchar contra Aerolíneas. Aunque para coger el vuelo hoy por la mañana no ha habido nada más que 2 horas de sueño.

Foto 1: Salva y yo en casa de Lore.

Desperezados tras visitar el aeroparque y desayunar unas medias lunas, hemos llegado a Bariloche sin ningún tipo de problema. Eso de que un cartel con tu nombre aparezca a la salida siempre hace ilusión.
Tras el tiempo de papeleo y lecciones de conducción patagónica las llaves están en mi mano. Ecosport a rodar por el ripio. Rumbo circuito chico, no sin antes recuperar la fruta que no pudimos trasernos.

Foto 2: Vista del parque nacional Nahuel Huapi desde Cerro Campanario.

Lo primero que tocaba era subir a cerro campanario. Lo de saber que según national geographic es una de las 10 mejores panorámicas del mundo tendría algo que ver. Ladera arriba. Tensión. Una vez arriba del todo, enmudecimiento. Miraras donde miraras todo te llenaba. Pero hay que continuar el circuito y hemos perdido tanto tiempo que no sabemos qué comeremos.

Foto 3: Mesa en estación Llao Llao.

Por suerte de vez en cuando te puedes encontrar una estación de servicio en la que no venden nafta sino que en tu silla de lana de oveja te puedes comer un buen plato de pasta o unas empanadas. Paseo por Llao Llao y puerto Pañuelo en el más inquietante silencio solamente perturbado por el canto de las distintas aves de aquel entorno.

Foto 4: Lago escondido.

Hay que seguir el camino y atravesar parajes tan recónditos como lago escondido o colonia suiza. Miradores y miradores a ambos lados de una carretera que surca y atraviesa diversos lagos de incalculable belleza.


Foto 5: Lago Nahuel Huapi desde playa Bonita.

Finalmente hay que surcar el último tramo de carretera junto al lago Nahuel Huapi de un color rosáceo provocado por ese atardecer tempranero. El paseo por el centro cívico de San Carlos antes de ir al hotel es indispensable, pero hoy toca recuperar el sueño perdido.

Se despide.
Sagü.

martes, 22 de septiembre de 2009

Días de fútbol

Día de lluvia en Buenos Aires. Se rumorea que los Huemules odian el maná que actualmente cae del cielo. Nosotros buscaremos por acá de todos modos.

Foto 1: Puente sobre el río de la Plata.
Después de un desayuno energético y tras de cargarnos con camperas y pilotos nos dirigimos de excursión a la Boca con nuestros amigos del hostal; 4 australianos, 2 ingleses, 3 españoles y una argentina, nuestra guía Heidi. Aún no se como acaba el chiste.
Lo de los colectivos es bastante peculiar. Rápidos como el correcaminos, pero en todos los sentidos. Ya podés andarte rápido en subir y bajar que no esperan ni un segundo más.
Foto 2: Caminito, la calle más famosa del barrio de la Boca.
El barrio de la Boca tiene ese misticismo de los puertos antiguos de las grandes ciudades unido a la magia de sus coloridas calles y edificios construidos de retales de madera, acero, chapa, piedra... En sus gentes descubres ese aire de la cultura de este país, el fútbol y el baile.
El baile porque aquí dieron sus primeros pasos el tango o el folclore. No hay duda de que con verlo basta.Foto 3: La bombonera. Uno de los templos por excelencia del fútbol argentino.
El fútbol porque aquí se gesta uno de los dos grandes equipos porteños. El Boca Juniors, que junto con el River Plate son los equipos que más afición congregan. Es curioso cómo la gente por la calle te pregunta siempre primero de dónde eres, y en segundo lugar de qué equipo eres. A esto es a lo que se le llama pasión por el fútbol.

Hoy cenaremos en la cancha del Racing de Avellaneda... Si, hay más equipos en capital federal.
Se despide. Sagü.







lunes, 21 de septiembre de 2009

Buenos Aires


Los aires de grandeza de esta majestuosa ciudad han calado bien hondo a nuestra llegada. Todo después de 12 horas narcotizado entre un Argentino que sólo pronunciaba monosílabos y un Paraguayo un poco más lenguaraz, en las que hemos asistido de primera mano a la contienda por un asiento que sorprendentemente se había duplicado en el chek in. Aún así, yo me comí el pastel de "corn flakes".

(Foto 1: columpio porteño)



En la llegada Santi nos ha sorprendido levantándose 3 horas antes para acercarse a recibirnos en el aeropuerto. 1-0. Gracias a ello nuestros primeros pasos por el microcentro y puerto madero han sido firmes. Eso sí, sabiendo que hoy 21 de septiembre es el día del estudiante, el primer día de la primavera, y es como una fiesta aquí en Argentina ya que en la secundaria nadie tiene clase y las calles y parques están repletos de porteños adolescentes con ganas de hacer ruido.



Para comer hemos ido al establo, pero los únicos animales que ha habido allí eramos nosotros. Ojo de bife o bife de chorizo, qué más da. No haré más comentarios.


















(Foto 2: sobremesa.)

De ruta por la plaza de San Martín y la Recoleta más y más gente por la calle. Lorena nos ha hecho de guía y ha sido realmente lindo. Después de ver la flor parabólica y el Malba nos hemos dirigido de vuelta al hostal. Al menos sabemos que para ser un paquete en Argentina no hace falte que se te dé mal nada, sino más bien todo lo contrario.
















(Foto 3: Puerto madero.)

Del hostal mencionar que han sido muy atentos, y esta noche hay fiesta sin salir de casa. Como lo oyes. 21 de septiembre.


Besos y abrazos.


Sagü.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Cérvidos.


Como en cualquier intento por conquistar tierras allende los mares, tres foragidos aventureros se encaminan a surcar los confines más australes del continente sudamericano, hábitat del paticorto huemul, al cuál hacemos partícipe y apreciado trofeo de nuestro endiablado periplo.



(Foto: Julio 2008 atacados por la fauna ibérica)


Para ello, contaremos pasar por bosques poblados de alerces, arrayanes o lengas... sortear pumas, guanacos o pingüinos magallánicos... por tierra, mar y aire... todo con el fin de conseguir el preciado trofeo, ese documento gráfico que corrobore que el huemul es sólo una especie en peligro de extinción que quiere pasar a formar parte de historias como la de los grandes héroes y dioses griegos y romanos, pasar a tener una vida mejor que la de las vacas indias, o simplemente contar con una simple baldosa con sus incisivas huellas en el paseo de la fama.


De todo esto depende el éxito de nuestra empresa que en breve comienza, así que como buenos hidalgos, pollino en mano, cabalgamos sin celeridad hacia el desenlace de esta misión.


Hasta pronto.

Sagü.