Intentar tomar un café en un minibus cruzando lomitos de burro es un poco complicado. La tapicería ha permanecido bastante limpia, pero no había suficientes palitos para remover el café, así que alguno ha terminado escaldado.
Rumbo a Península Valdés el café ya lo habíamos tirado. Unos dormidos, otros quemados, bordeamos la costa rumbo a El Doradillo. Aquí las ballenas se acercan a escasos metros de la playa ya que la profundidad pasa a ser de seis metros en poca distancia de la costa.
Foto 1: Ballena en playa El Doradillo.Nos dirigimos a la Reserva Natural y pasamos por Puerto Pirámides, un pequeño pueblo rodeado por montañas con forma piramidal.
Foto 2: Puerto Pirámides.Sin detenernos mucho tiempo, continuamos hacia Punta Cantor atravesando parajes repletos de Maras, Guanacos y Choiques. Antes de llegar, nos seduce la imagen de las salinas con unos tonos tirando a rosados.
Foto 3: Salina Chica.Ya en Punta Cantor, centenares de elefantes marinos holgazanean varados en la playa rodeados de petreles, cormoranes, gaviotas y ostreros. Sólo de vez en cuando se da algún movimiento al haber disputas entre el macho dominante y los machos periféricos.

Foto 4: Elefantes marinos en Punta Cantor.
Hacemos una pequeña parada en Caleta Valdés para ver una pequeña colonia de pingüinos antes de regresar hacia Puerto Pirámides a comer un poco de marisco y a coger el barco para dirigirnos a realizar avistamientos de ballenas francas australes. Al parecer la zona es muy rica en vida submarina y por eso las ballenas vienen hasta aquí año tras año a criar a los ballenatos. Sorprende realmente la cantidad de ballenas que se pueden ver.
Foto 5: Ballena realizando la inmersión.Comemos camino de vuelta a Puerto Madryn y aprovechamos para conocer la ciudad antes de regresar a Trelew.
Se despide.
Sagü.
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